Escribir en Can Partit

Escribir en Can Partit

Durante mi retiro estival viviré en Can Partit, la casa de Ibiza en la que Antonio Escohotado pasó los últimos años de su vida. He llegado con Silvia, pocas semanas antes de que nuestra vida en común entre en una nueva etapa, y he traído una libreta, algunas lecturas y la intención todavía imprecisa de convertir estos días en un libro.

No he venido a perseguir fantasmas ni a reconstruir la vida de un hombre al que no conocí. Tampoco a fingir una conversación póstuma con uno de los autores que más me han hecho pensar durante los últimos años. Pero sería absurdo actuar como si el lugar fuera neutral. Las casas conservan algo de quienes las habitaron, aunque solo sea en la mirada de quienes llegan después sabiendo lo que allí ocurrió.

«Can Partit no será únicamente el escenario del libro. Es también su primera pregunta.»

Elegí este lugar precisamente por esa carga. Escohotado llegó aquí en la última etapa de su vida, después de haber dedicado buena parte de la anterior a pensar la libertad, el deseo, el conocimiento y la responsabilidad de vivir conforme a las propias decisiones. Pocos autores me han obligado tanto a revisar ideas que creía firmes, lo cual no significa que haya terminado pensando como él.

Su liberalismo económico, por ejemplo, me resulta bastante menos persuasivo que su defensa de la libertad individual. Siempre he desconfiado de esa facilidad con la que determinadas formas de liberalismo consiguen convertir relaciones de poder, desigualdades de partida o dependencias materiales en simples intercambios entre individuos formalmente libres. Que alguien pueda elegir no significa necesariamente que todas las opciones estén realmente a su alcance. A veces la libertad jurídica empieza justo donde termina la libertad material.

Probablemente Escohotado habría discutido buena parte de esa frase. Mejor así. Una influencia intelectual solo resulta interesante mientras sigue siendo capaz de incomodar.

Su manera de pensar poseía, incluso cuando uno discrepaba de ella, una cualidad cada vez más escasa: no pedía permiso. Eso es lo que me interesa encontrar aquí. No unas huellas materiales ni una revelación provocada por dormir bajo el mismo techo, sino la clase de preguntas que un lugar activa cuando conocemos su historia. Qué significa ser libre cuando la libertad deja de ser una consigna. Cuánto de nuestra vida hemos elegido realmente. Y qué hacemos con aquello que elegimos cuando deja de ser una posibilidad abstracta y empieza a exigir consecuencias.

De ahí nace Can Partit. Cuaderno de Ibiza. No como un libro sobre Escohotado, sino como un cuaderno escrito desde un lugar inevitablemente atravesado por su presencia. Quiero contar lo que ocurra durante estos días, pero también utilizar la estancia para pensar asuntos que no pertenecen únicamente al viaje: el tiempo, el deseo, el amor, la libertad y la distancia entre la vida que imaginamos y la que finalmente construimos.

No he llegado con una tesis cerrada. Traigo algunas preguntas, ciertas lecturas y la sospecha de que cambiar de lugar modifica también la forma en que uno se mira. A veces basta con salir de la rutina para descubrir que muchas decisiones eran simples inercias.

«Uno se desplaza creyendo que va a encontrar otra vida y termina comprendiendo que lleva la suya consigo.»

He venido con Silvia en las semanas previas a formalizar una decisión que, en realidad, tomamos hace ya tiempo, y esa circunstancia atraviesa inevitablemente el proyecto. Llego a una casa vinculada a un pensador que hizo de la libertad individual uno de los centros de su obra justo cuando estoy a punto de dar una forma pública a una elección profundamente privada.

La contradicción es solo aparente. Elegir compartir la vida con alguien no tiene por qué significar una renuncia a la libertad; puede ser precisamente una de sus expresiones más conscientes.

Me interesa escribir desde esa tensión sin resolverla de antemano. Qué se pierde y qué se gana cuando uno deja de pensarse solo. Hasta qué punto el amor ensancha una vida y en qué momentos la limita. Qué significa comprometerse sin desaparecer dentro del compromiso. Y cómo se construye una existencia común sin convertirla en una suma de rutinas aceptadas por cansancio.

Silvia no será una acompañante secundaria ni una figura colocada al margen de mis reflexiones. Estará en el centro porque buena parte de lo que quiero pensar solo puede entenderse desde la vida compartida: las conversaciones, los desacuerdos, los silencios, las decisiones pequeñas y esa intimidad cotidiana que rara vez aparece en los grandes discursos sobre la libertad.

No quiero escribir una idealización de la pareja ni una declaración amorosa sin grietas. Me interesa algo más difícil: contar cómo dos personas intentan construir una vida común sin dejar de ser dos personas distintas. Qué parte del amor nace del deseo y cuál de la voluntad. Cuánto depende de la afinidad y cuánto del esfuerzo. Y en qué momento elegir a alguien deja de ser una emoción para convertirse en una forma de estar en el mundo.

También habrá desacuerdos menos trascendentes. Escohotado era madridista confeso, una circunstancia que obliga a recordar que incluso las grandes inteligencias pueden albergar errores difíciles de justificar. Imagino que él habría considerado perfectamente compatible defender la libertad durante miles de páginas y después elegir voluntariamente al Real Madrid. Todos tenemos derecho a nuestras contradicciones.

Me gusta que esa pequeña fricción exista. Evita convertir Can Partit en santuario y a su antiguo habitante en una estatua. Se puede admirar a alguien sin necesitar coincidir con él, y quizá esa sea precisamente una de las formas más honestas de admiración.

Por eso he elegido llamarlo cuaderno. No quiero obligar a estos días a demostrar una idea preparada de antemano ni convertir cada experiencia en una conclusión. Prefiero dejar espacio para lo imprevisto: una conversación que desplace el sentido del libro, una escena aparentemente trivial, una incomodidad, una contradicción o una imagen capaz de decir más que varias páginas de teoría.

Escribiré desde lo que ocurra, mezclando observación, memoria, lectura y pensamiento. Habrá días en que el libro avance a través de una conversación con Silvia y otros en que lo haga desde una frase de Escohotado, un paisaje, una comida o una sensación difícil de explicar. El cuaderno será precisamente eso: una forma abierta de registrar cómo unas preguntas previas cambian al entrar en contacto con la vida real.

No será una biografía de Escohotado ni una reconstrucción de sus últimos años. Tampoco una guía de Ibiza, un diario de vacaciones o una sucesión de estampas de pareja. Todo eso estará presente de algún modo, pero subordinado a otra cosa: la tentativa de pensar una vida desde dentro, mientras todavía está ocurriendo.

Escohotado aparecerá como una presencia lateral, a veces incómoda y otras fértil. Ibiza será más que un decorado, pero no el tema exclusivo. Y Silvia será el centro afectivo del libro sin quedar reducida a personaje. Lo que quiero escribir se encuentra justamente en el cruce de esas tres fuerzas: un lugar, una influencia intelectual y una vida compartida a punto de abrir un capítulo distinto.

Escohotado llegó a Can Partit al final de su vida. Yo acabo de llegar con Silvia cuando la nuestra está a punto de adquirir una forma nueva. No existe entre ambas circunstancias ninguna continuidad solemne ni comparación posible. Solo un lugar compartido y algunas preguntas que siguen abiertas: qué significa vivir libremente, qué merece ser deseado y qué clase de vida estamos dispuestos a elegir.

Quizá el libro nazca precisamente de ahí. De entrar en una casa cargada de memoria mientras intento pensar el futuro. De escribir sobre la libertad en vísperas de convertir una elección íntima en una promesa compartida. De mirar a Silvia y comprender que elegir una vida común no significa clausurar todas las demás, sino decidir cuál de ellas merece convertirse en la propia.

«Elegir una vida común no significa clausurar todas las demás, sino decidir cuál de ellas merece convertirse en la propia.»

Can Partit. Cuaderno de Ibiza será el relato de esa búsqueda. No sé todavía adónde conducirá ni qué quedará de las preguntas con las que he llegado. Pero sí sé dónde empieza: aquí, en una casa de Ibiza, bajo la sombra intelectual de Escohotado, junto a la mujer con la que he decidido compartir mi vida.

La otra cara de esta Ibiza, entre las promesas de libertad y la propiedad, aparece en «La utopía y el propietario».

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No escribo mucho. Solo cuando hay algo que merece la pena.


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