No hay comunidad que te salve.
No hay estructura que te sostenga.
No hay discurso que te excuse.
El individuo es lo único que queda cuando todo lo demás falla.
Y casi siempre falla.
La libertad no es un derecho: es una carga.
Por eso la mayoría prefiere no ejercerla.
Se habla mucho de sistemas.
Se habla poco de carácter.
Y sin carácter, cualquier sistema termina funcionando como una coartada.
La comodidad no es descanso: es una forma de rendición bien gestionada.
Se acepta poco a poco, sin ruido, hasta que ya no queda nada que defender.
La masculinidad no necesita ser corregida.
Necesita dejar de ser neutralizada.
No todo el mundo quiere ser engañado, pero muchos necesitan serlo.
Porque enfrentarse a la realidad exige una claridad que no siempre se está dispuesto a sostener.
Las relaciones no fracasan por falta de técnica.
Fracasan por falta de decisión.
Pensar no es opinar.
Pensar es aceptar que algunas conclusiones tienen consecuencias.
Aquí no hay soluciones.
No hay consuelo.
No hay pertenencia.
Hay una posibilidad incómoda:
mirar sin anestesia
y ver hasta dónde eres capaz de sostener lo que ves.


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